Precios cerca del 2,5% mensual

Es lo que prevén diversos consultores sobre el dato oficial de diciembre. Para enero, estiman un piso del 2% de inflación, con los alimentos como mayor impulsor

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La primera señal del arranque de 2026 llegó por el lado de los precios de los alimentos. Según el último relevamiento de la consultora Analytica, durante la primera semana de enero la inflación en el rubro alimentos y bebidas en el área metropolitana fue de 0,6 por ciento. Proyectado al mes completo, ese registro implica un aumento del 2,7 por ciento, mientras que el nivel general de inflación sería del 2,4 por ciento. Dentro de la canasta, los mayores incrementos se dieron en frutas (+5,8 por ciento), verduras (+5,2) y carnes y derivados (+3,8), en tanto que lácteos (+0,9) y otros alimentos, como snacks y condimentos (+0,8), mostraron subas más moderadas. El dato vuelve a poner en foco el peso de los alimentos en la dinámica inflacionaria, un rubro clave por su impacto directo sobre el poder adquisitivo.

A más largo plazo, las proyecciones de la Fundación Mediterránea dibujan un panorama de desaceleración, aunque con riesgos. La entidad estimó que la inflación de 2026 se moverá en un rango de entre 18 y 30 por ciento, de acuerdo con distintos escenarios vinculados a la política monetaria y a la evolución de la demanda de pesos. En su escenario base, que supone una remonetización moderada, la base monetaria pasaría del 4,4 al 5 por ciento del PIB hacia diciembre de 2026.

Bajo ese supuesto, el Banco Central podría acumular alrededor de 6.500 millones de dólares reservas y la inflación interanual se ubicaría cerca del 23 por ciento. En un escenario optimista, con mayor demanda de dinero —hasta el 5,4 por ciento del PIB—, la inflación convergería a una zona de 18 por ciento a 19 por ciento anual, con margen para que el Central compre hasta 9500 millones de dólares. En cambio, si la demanda de pesos crece menos de lo esperado, apenas 0,3 puntos del PIB, la inflación podría quedar cerca del 30 por ciento anual y la capacidad de acumulación de reservas se reduciría a unos 4500 millones.

Mientras tanto, en el corto plazo, todas las miradas están puestas en el dato que publicará este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El organismo dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre, que, según las estimaciones privadas, volvería a ubicarse por encima del 2 por ciento mensual. Con ese registro, 2025 habría cerrado en torno al 31 por ciento anual. Además del número puntual, el mercado espera definiciones sobre los cambios en la metodología de medición que comenzarán a regir desde enero de 2026 y su impacto sobre el esquema de bandas cambiarias del dólar.

Las previsiones del sector privado para diciembre se alinean en ese rango. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectó una inflación mensual de 2,3 por ciento y un cierre de año apenas por encima del 30 por ciento. La Ciudad de Buenos Aires registró 2,7 por ciento en diciembre y acumuló 31,8 por ciento en 2025.

Equilibra estimó una suba mensual de 2,6 por ciento, con fuertes aumentos en bebidas alcohólicas y tabaco, vivienda y transporte. EcoGo, por su parte, calculó que los alimentos subieron 2,5 por ciento, impulsados por un salto de 7,3 por ciento en carnes, parcialmente compensado por la baja de verduras. Libertad y Progreso ubicó el IPC en 2,6 por ciento y el anual en 31,1 por ciento, destacando una “desaceleración significativa”. En la misma línea, C&T para el Gran Buenos Aires midió 2,6 por ciento en el mes y un acumulado de 31,2 por ciento, con la carne nuevamente como uno de los principales motores de los precios.

De cara a 2026, los analistas advierten que los cambios en la forma de medir el IPC y las modificaciones en el esquema cambiario pueden introducir presiones adicionales, en un contexto en el que los servicios —tarifas, alquileres y combustibles— vienen creciendo por encima de los bienes. Aun así, el Gobierno apuesta a sostener el proceso de desinflación con una política monetaria restrictiva y un manejo cuidadoso del tipo de cambio.

En ese marco, el economista Carlos Melconian puso una cuota de cautela. Señaló que la economía se encuentra en una “meseta” de inflación mensual cercana al 2 por ciento y que el Gobierno no está en condiciones de implementar un plan de estabilización “muy serio” que permita llevar la inflación a un dígito anual. A su juicio, el programa económico todavía “se arma en el día a día” y solo logró desinflar los precios a una zona cercana al 20 por ciento anual, lejos de una derrota definitiva del problema. La advertencia apunta a que, pese a la mejora respecto de los años previos, el desafío de lograr una estabilidad duradera sigue abierto.