Y pensar que todavía le quedan al personaje 15 meses, tan parecidos a la eternidad.
“Daba pena”: el imperdible editorial de Víctor Hugo Morales sobre Milei en Madrid
OtrasVoces
Ha vuelto Milei. El presentador del Foro donde hizo el ridículo le preguntó: “Señor Presidente, ¿a qué vino?
¿A qué fue, si se puede saber, preguntamos nosotros?
A nada.
Cuando le preguntaron se sorprendió. Miró como quien se desorienta ante un grito lejano y quiere saber de dónde vino. Y balbuceó, buscando un camino, una respuesta.
La pena y la vergüenza ajenas se cruzaban en el aire.
Pobrecito… Terminó a los gritos hablando de la misión que tiene en la vida. Luchar contra el comunismo y por la libertad, contra los liberticidas, dijo.
El animador lo observaba con expresión de asombro. “Pero para eso no precisaba venir hasta aquí”,parecía decirle.
Milei estaba en modo Conan, cuando decidieron con el perro que iban a salvar al mundo en aquel encuentro en el coliseo romano.
Lucía una venda en el cuello, tenía la mandíbula inflamada, los ojos inyectados, el pelo revuelto, parecía más bajo, más pequeño. Daban ganas de ir a buscarlo como una mamá que en el acto del final de curso acude por su niño que llora delante de todos.
Daba pena, Milei. Es un sentimiento con el que hay que tener cuidado.
Para evitar la lástima hay que pensar en lo que le hace a los argentinos, su desprecio por los vulnerables, por los endeudados, por los que no llegan a din de mes, el ataque a los estudiantes, a los universitarios, las mentiras sobre la pobreza, al servilismo ante Trump, su vocabulario cloacal.
Es un buen ejercicio porque cuando Milei provoca esa lástima uno se olvida de lo que nos hace.
Pensar que todavía anda dando vueltas el tema de la discapacidad. Que se ríe de los que hacen cola por un trabajo. Que se mofa de los empresarios que cierran sus empresas y concluyen sus sueños.
Que adula a los asesinos Trump y Netanyahu.
Cuando uno se apena de verlo ahí, tan indefenso por la vida, debe cortar con la dulzura.

