Las agrupaciones universitarias estudiantiles partieron desde sus facultades; otras movilizaron desde Plaza Houssay. También los distintos sindicatos docentes y no docentes y los centros de estudiantes secundarios, nucleados en el Cecap, que aportaron columnas particularmente bullangueras. Se sumaron columnas de la UTEP, ATE, la CGT, Camioneros, La Cámpora, el Movimiento Derecho al Futuro, el FIT, el MST, la UCR.
La enorme bandera que en cada marcha federal se proclama “En defensa de la universidad pública y la democracia” avanzó, como en marchas anteriores, por Avenida de Mayo, portada por rectores, representantes estudiantiles y gremiales, y con la presencia del gobernador Axel Kicillof.
Los lápices y cuadernos, los guardapolvos blancos de las y los trabajadores de los hospitales universitarios, la célebre “estrella culona” del Conicet, los carteles que celebraron la educación pública como “herramienta de justicia social, movilidad social ascendente y construcción de soberanía nacional”, según se definió desde el escenario, marcaron el pulso de la jornada. Incluso por sobre la tormenta y la violenta represión que fue lo único que el gobierno pudo ensayar como respuesta.



