Toda la escena que protagoniza desde la semana pasada la Corte trae a la memoria lo que ocurrió después de que el tribunal firmara el 3 de mayo de 2017 el famoso fallo del 2x1 que habilitaba la liberación de genocidas al reponer una ley derogada, en sintonía con reivindicaciones del gobierno de Mauricio Macri. El repudio social se tradujo en una inmensa movilización en las calles y el rechazo de tribunales inferiores a aplicar ese criterio. En el plano político, el Congreso sancionó en tiempo récord una ley que decía que el beneficio no era aplicable a delitos de lesa humanidad. Para que eso sucediera intercedió la propia Corte, cuyos integrantes no podían salir tranquilos a la calle, como les pasó este mismo martes en la Facultad de Derecho donde fueron repudiados. Tras aquel fallo pro-genocidas, los jueces estuvieron durante un año y medio anunciando que desandarían el camino con una nueva sentencia que finalmente se concretó en noviembre de 2018.
Ahora amagan de manera similar. Mientras, el gobierno finge un rapto de nacionalismo malvinero que combina de manera forzada con la defensa de la derogación de la ley de Tierras. Frente a Tribunales se empezó a palpitar la marcha del 15 de octubre donde convergerán el reclamo universitario y la derogación de todo el DNU 70/23 que, al fin y al cabo, la Corte pudo haber declarado inconstitucional (con más de 30 planteos en su haber) y pero hasta ahora no lo hizo.



