Quizás uno ha visto demasiado cine y no puede evitar comparaciones con el presente. El estímulo de las viejas realidades del mundo o las ficciones impulsan a la comprensión del tiempo que habitamos.
Esos reyes locos de Shakespeare, por ejemplo, eran sostenidos por los cortesanos, a los que, como a los empresarios hoy, les interesaba solamente el tema de sus privilegios.
Nada de lo que escribía William Shakespeare resulta exagerado cuando vemos el palacio en el que se recluye Milei.
Lo que pudiera no ser creíble cuando lo leemos, lo que cuentan de hace 400 años, hoy nos da certezas. Algún rey en Francia se creyó hecho de cristal. Ni Milei ni su corte serían ajenos a la pluma de algún bardo que quisiera describir la psicosis del poder, la falta de empatía con la realidad, la crueldad y el andar a tientas.
Lo de llevarse el oro del país es una entrada a una dimensión diferente, salir a la estratosfera, experimentar la fascinación de lo desconocido, flotar en la más impenetrable oscuridad.
Pero llevarse el oro a Londres es un paso de comedia admirable, ahora que Milei tuvo un brote nacionalista y no se anima a pisar esa ciudad.
Las mentiras de Santiago Bausili en el Senado sobre el sitio donde se encuentran las reservas del oro deberían eyectarlo de su cargo. Como un aviador en peligro: el paracaídas lo dejaría en un lugar tan saludable como Wall Street. Pero que siga piloteando el Banco Central parece de película.
Las denuncias rebotan contra la indiferencia de los medios y la corte de vividores del poder. Les da vergüenza el rey, pero les resulta muy conveniente. En Argentina, los ganadores viven una fiesta que no interrumpirían por nada en el mundo.
Así que Bausili no sólo está allí, sino que cuando salga la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central se quedará para siempre.
Y a contramano, en el arrabal imaginario que le destinan a las mayorías, la impiedad los mueve, como en un tango de abandono y de traición. No les importa nada.
Ver la tapa de Página|12 hoy no escandaliza.

Estamos acostumbrados. Padres y madres con hijos que padecen discapacidades no tienen cómo llevarlos a los sitios donde los deben atender. El transporte, algo tan elemental como eso, se les niega. El miércoles, ese miércoles que siempre tenemos por delante para hablar de lo que trata el Congreso, llega otra vez con su carga de asombro. Van a tratar Discapacidad y Morosidad, pero a muchos les abruma la combinación de los problemas.
Son morosos porque no tenían el dinero para enfrentar los gastos de sus hijos.
De mientras, el oro duerme en los sótanos de Londres.
Acá cada día cuesta más conciliar el sueño.



