La dignidad humana, en disputa

SociedadHace 8 horasOtrasVocesOtrasVoces

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La semana pasada leí en varios portales importantes que, por presiones de la embajada de China, se había suspendido un acto en la Legislatura porteña. Las noticias venían, como de costumbre, con palabras fuertes y cargadas de prejuicios: régimen, censura, totalitarismo, etc.

Pero además de las palabras prejuiciosas, tenían otra cosa en común y era la información de que el acto no se suspendió. Se hizo. El mismo día. En el Club Alemán. Con los mismos oradores. Con el mismo título. Con Dolkun Isa hablando de los uigures. La única diferencia fue la dirección.

Entonces me pregunté: ¿de qué prohibición hablamos?

En mi barrio hay una verdulería que atiende de lunes a lunes. Abre a las siete de la mañana y cierra a las nueve de la noche. No sabe quién es Dolkun Isa. No sabe qué es un swap de monedas. Pero sí sabe que el kilo de tomate subió de precio, que la luz le viene más cara y que tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes.

Desde hace algunos años vengo trabajando en una idea que es central para pensar el destino común de nuestro país, pero de la humanidad toda. Y es la necesidad de modernizar o reconceptualizar lo que entendemos cuando hablamos de derechos humanos, vinculándolos a su dimensión cotidiana, es decir, al cumplimiento o no de aquello que dignifica la vida humana, que es, básicamente, tener acceso a servicios básicos, salud, vivienda, alimentación, seguridad, etc.

Desde esta perspectiva, los DD. HH. se ven violados en una jubilación que no alcanza, en un colectivo que no pasa, en una escuela que no tiene internet, cuando un policía te pide los papeles sin motivo, cuando un juez te niega una audiencia, cuando te despiden por sindicalista y podría seguir con los ejemplos, que abundan, en nuestro país, en nuestro continente y en todo Occidente. No es cuando un foro se muda tres cuadras.

Hace unas semanas, un funcionario de la embajada de Estados Unidos le envió mensajes de WhatsApp a un gerente de la Cooperativa de Servicios Públicos de Neuquén presionándolos por firmar un contrato con Huawei para instalar fibra óptica. La cooperativa, que conecta a varias familias patagónicas, respondió con una nota formal al embajador Lamelas y a la Cancillería argentina. Desde la embajada estadounidense no negaron la presión. Incluso dejaron trascender que evalúan usar la herramienta de otorgar o revocar visas a directivos vinculados con empresas chinas en una flagrante violación a tratados y derechos internacionales, proveniente, ni más ni menos, del paladín del mundo libre. No hubo adjetivaciones totalitarias ni de violaciones para con el país del norte. Dos reacciones distintas. Una, mudar un acto de una sala a otra, generó titulares de escándalo internacional. La otra, presionar por mensaje directo a una empresa privada argentina para que rompa un contrato comercial, pasó como un incidente menor.

China, el país que las noticias describen como una máquina de censura, es el país que le presta dinero a la Argentina para que no se caiga el sistema de jubilaciones. Es el país que, según la FAO, sacó a ochocientos millones de personas de la pobreza en tres décadas. Es el socio comercial que permite importar insumos médicos sin depender del dólar escaso. No estoy diciendo que sea perfecto. Ningún país lo es. Lo que digo es que no debemos seguir permitiendo que los Derechos Humanos sean el mascarón de proa para buscar universalizar valores e intereses particulares del norte global.

Lo único universal debe ser la búsqueda de la erradicación de la pobreza extrema, la búsqueda de la dignidad humana, del respeto a todas las naciones, de la no injerencia bélica.

Si no, corremos el riesgo de vaciar de contenido uno de los consensos más importantes que alcanzamos como humanidad.

El acto se hizo. Los oradores hablaron. Y mientras tanto, en nuestro país con una administración satélite de EEUU, personas con cáncer no pueden acceder a medicamentos oncológicos, porque a alguien se le ocurrió que eso debe regularlo el mercado.

*Parlamentaria y presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento del Mercosur