Ni el mínimo esfuerzo por mejorar los ingresos

El Gobierno fijó por decreto una nueva escala para el Salario Mínimo, Vital y Móvil tras el fracaso de las negociaciones entre sindicatos y empresarios.
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El piso salarial será de 383.800 pesos en septiembre y llegará a 437.000 pesos recién en abril de 2027. Los nuevos valores mantienen al indicador muy por debajo de las referencias utilizadas para medir el costo de vida y profundizan una tendencia que se sostiene desde el inicio de la actual gestión: el salario mínimo perdió 40,5 por ciento de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y julio pasado. El Gobierno fijó por decreto una nueva escala para el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), luego del fracaso de las negociaciones entre sindicatos y empresarios.

La decisión quedó formalizada a través de la Resolución 4/2026 publicada este miércoles en el Boletín Oficial. El esquema contempla ocho aumentos mensuales consecutivos: pasará de los 376.600 pesos vigentes en agosto a 383.800 en septiembre, 391.200 en octubre, 398.800 en noviembre y 406.400 en diciembre.

Durante 2027 llegará a 414.200 pesos en enero, 422.000 en febrero, 429.600 en marzo y finalmente 437.000 en abril. Entre agosto y el final del cronograma, el aumento nominal será de apenas 60.400 pesos, equivalente a alrededor del 16 por ciento en ocho meses.

Frente a una línea de indigencia de 708.016 pesos para una familia y una canasta básica total de 1.564.716 pesos, utilizadas durante la discusión salarial, el nuevo mínimo representa apenas una fracción de esos valores.

La brecha es también resultado de la fuerte pérdida acumulada durante los últimos años. Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA y el Conicet, entre noviembre de 2023 y julio de este año el salario mínimo registró una caída real del 40,5 por ciento. La desaceleración de la inflación, en ese escenario, no alcanzó para recuperar el terreno perdido por los ingresos.

La nueva escala volvió a ser definida directamente por el Poder Ejecutivo ante la ausencia de acuerdo en el Consejo del Salario. Las centrales sindicales habían planteado llevar el mínimo a 911.000 pesos y alcanzar los 993.000 pesos en diciembre. La propuesta empresaria también había quedado por encima de la decisión oficial: contemplaba una suba del 1,8 por ciento en septiembre y ajustes del 1,7 por ciento mensual hasta abril.

Con ese esquema, los empresarios proponían un salario cercano a 468.000 pesos para abril de 2027. El Gobierno terminó fijando para ese mes un piso de 437.000 pesos, unos 31.000 pesos por debajo de aquella oferta y menos de la mitad del valor reclamado por las centrales sindicales para diciembre.

Para los trabajadores jornalizados, la hora será de 1.919 pesos en septiembre y aumentará gradualmente hasta alcanzar los 2.185 pesos en abril. La medida comprende a los trabajadores alcanzados por la Ley de Contrato de Trabajo, el Régimen de Trabajo Agrario, la Administración Pública Nacional y los organismos del Estado nacional que actúan como empleadores.

El salario mínimo tiene además efectos que exceden a los trabajadores que perciben directamente ese ingreso. Funciona como referencia para distintas prestaciones y determina también los pisos y techos de la prestación por desempleo. La resolución estableció que ese beneficio será equivalente al 75 por ciento de la mejor remuneración neta mensual de los seis meses anteriores al cese laboral, pero no podrá ubicarse por debajo del 50 por ciento ni superar el 100 por ciento del salario mínimo.

La discusión sobre el SMVM se desarrolla en medio de una crisis de ingresos que afecta especialmente a los sectores de menores recursos. Un relevamiento del Instituto Periferias sobre 5000 casos en 15 provincias mostró que el 74,4 por ciento de los hogares consultados en barrios populares no consigue cubrir con sus ingresos los gastos mínimos del mes.

El mismo trabajo registró que el 61,8 por ciento de las personas relevadas mantiene algún tipo de deuda. Entre quienes están endeudados, el 59,8 por ciento afirmó haber recurrido al financiamiento para comprar alimentos. El crédito aparece así menos asociado a consumos extraordinarios y cada vez más utilizado para completar los gastos corrientes.

La combinación de salarios bajos y endeudamiento muestra una dimensión de la crisis que no se explica solamente por la evolución mensual de los precios. Una inflación menor reduce la velocidad a la que aumenta el costo de vida, pero no recompone automáticamente el poder adquisitivo perdido. Cuando el punto de partida de los ingresos quedó rezagado, incluso aumentos que acompañen los precios pueden resultar insuficientes para recuperar el consumo.

En agosto quedó una muestra de esa dinámica. El salario mínimo aumentó 1,13 por ciento respecto de julio, mientras la inflación mensual fue del 2,1 por ciento. A la pérdida acumulada de los años anteriores se agregó así un nuevo retroceso durante el mes.