El amargo cumpleaños de la industria argentina

El Presidente mandó a vaciar el evento de la UIA, que por primera vez hizo críticas al modelo y tildó de “trader que no sabe lo que es un torno” a Caputo. La interna por la no invitación de Kicillof.
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A tono con la situación que atraviesan las fábricas, la celebración del Día de la Industria fue un hecho triste, desolador y vaciado de importancia. En la planta de los laboratorios ELEA en los Polvorines, Malvinas Argentinas, hubo por primera vez críticas al modelo, palabras muy fuertes contra el ministro de Economía, Luis Caputo y un juego armado de policía bueno-policía malo para hacerle saber al Ejecutivo que la cosa no está bien. Una salida de la cueva de la moderación de parte de los ceos fabriles, lo que evidencia que la crisis es un fractura expuesta.

A sabiendas del clima y evidenciando que a la Casa Rosada no le interesa la producción, el evento fue vaciado de representantes nacionales por pedido del propio Presidente, Javier Milei. Quizás hubiese cambiado de opinión el mandatario de haberse enterado que los empresarios fabriles, comandados por el titular de la Unión Industrial (UIA), Martín Rappallini, no invitaron al convite en territorio bonaerense al gobernador y anfitrión regional Axel Kicillof para intentar, precisamente, garantizar alguna presencia libertaria de peso. No lo lograron.

Hace unas semanas, en una visita a fábricas en Catamarca, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, le prometió a la UIA provincial que asistiría al Día de la Industria. “Voy seguro”, confirmó entonces. Hasta este martes a la noche Santilli sostuvo ante los organizadores que iría. Milei y Caputo ya se habían bajado hacía dos semanas. Pero cerca de la medianoche le llegó al “Colo” la orden de no ir a la fábrica de Hugo Sigman, líder de la industria farmacéutica nacional que el gobierno de Milei quiere perjudicar en el marco del acuerdo comercial con Estados Unidos. Se sentó un rato Pablo Lavigne, el secretario testimonial de la Producción. Única figura oficial que se fue rápido y tragando saliva tras escuchar a Isaías Drajer, un histórico de la cámara de laboratorios CILFA, que defendió la industria nacional y pidió que el gobierno de Milei tome medidas.

Las bases despertaron al gigante

La UIA tiene en su estructura dos instancias relevantes: el Comité Ejecutivo, donde se reúnen los ceos poderosos, la mesa chica. Y la Junta Directiva, que nuclea a las federaciones de todo el país. En esta ultima, en las dos reuniones más recientes, se le exigió a Rappallini salir a hablar con más firmeza contra el modelo. En el discurso de este miércoles se vio la pimienta posible de un hombre muy cercano al Gobierno, pero empujado por las bases.

El titular de UIA afirmó que la producción se ubica un 10 por ciento abajo del 2022 y con caídas más profundas en otros sectores que llegan al 30 por ciento. Además, enfatizó en la pérdida de empleos registrados, que escala a 90.000 puestos.

Una de las partes más fuerte fue cuando Rapallini expresó que “la economía no puede medirse solamente por la inflación” y sostuvo que construir ese puente hacia el crecimiento, “incluye reconstruir el crédito, acelerar la reducción del costo argentino, combatir la competencia desleal y el contrabando, garantizar el abastecimiento de la energía a precios competitivos en todo el territorio nacional, facilitar la baja de la morosidad, generar la infraestructura necesaria para exportar y consolidar la modernización laboral”.

Esa definición fue dura, porque le pega en la base de flotación a un gobierno que está obsesionado con inflación cero, sin importar el daño a la actividad que eso genera. “Sabes qué pasa? el sector industrial le está perdiendo la paciencia a Milei, en el plan del Gobierno la industria no está”, se sinceró uno de la mesa chica.

Rappallini siguió. “Cuando abrimos la economía, proceso necesario para la integración, no ponemos al 100% de la economía argentina a competir con el mundo. La industria queda expuesta a precios internacionales, pero sigue pagando costos argentinos”, expresó. Por ello, en la única caricia del discurso, Rappallini propuso construir un puente que posibilite a todos los sectores la transición sin alterar el equilibrio fiscal.

El policía “malo”, con consenso

La mesa chica de UIA tiene 8 vicepresidentes. De esos 8, tres son duros contra el Gobierno y el resto afín o moderado. Hasta ahora, David Uriburu, de Techint, venía marcando el pulso de la moderación. La posición de Paolo Rocca cambió y la UIA, también. Si bien habría sido el holding del acero el responsable de tensionar y no invitar a Kicillof al acto, los tiempos generales de la “T” parecen evolucionar hacia la idea de que el Gobierno no quiso, quiere ni querrá saber nada con las fábricas. De hecho, por la tarde del Día de la Industria, Milei y Caputo fueron a un evento organizado por Libertad y Progreso en el que cuestionaron a los industriales. Casi como una señal divina, de esas que Milei observa tanto, cedió una parte del techo del Hotel Sheraton y cayó agua por un caño roto justo en el lugar donde hablaría el Presidente.

Entre los vices de UIA, el santafecino Guillermo Moretti, un químico que supo presidir la Federación de Industriales de la provincia -que tiene buen nexo con el gobernador Maximiliano Pullaro y malo con los Milei-, bramó casi a la par de Rappallini. Un ladrido de consenso. Nadie lo detuvo. Fue descarnado, como si hubiese habido un pacto de dejar hacer.

“Esta gente no conoce el país, no sabe lo que es una fábrica”, aseguró. Sin nombrarlo, descargó munición gruesa contra Caputo. “Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno”, graficó.

Siguió. “Debe saber mucho de finanzas porque sus finanzas personales aumentaron un año un 37% en dólares. Y a la Argentina en ese año la endeuda. ¿Por qué no usará lo mismo que usa para él para nuestro país?”, lanzó sobre el ministro, que acaba de presentar una declaración jurada con el 95 por ciento del dinero en el exterior. Claudio Drescher, un textil creador de marcas emblema y también vice de UIA, advirtió: “si el gobierno no cambia, vamos a un país roto”. Postales de un triste día de la industria.