“Manga de inútiles”: Víctor Hugo Morales contra Caputo por el endeudamiento de las familias
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La criminalidad del sistema ha quedado expuesta como pocas veces. La Argentina juega sin árbitro, con un pueblo abandonado a su (mala) suerte y a merced de los depredadores.
Caputo acaba de decir que el gobierno vio venir el aumento de la morosidad y aseguró que “el gobierno se ocupó del tema desde el día -1″. Y reveló sin pudor que ya había advertido a los bancos sobre el peligro de prestar a tasas muy superiores a la evolución de los ingresos.
Bueno: a confesión de parte... la discusión ha terminado. Caputo dice que le dijo a los banqueros que “si están prestando a una tasa del 8% mensual y los sueldos crecen al 2,5%”, lo que ni siquiera es cierto, “va a estar bravo”.
Y agrega, en su sincericidio: “Nos juntamos muchas veces con los bancos y les pedimos flexibilidad”. Es decir, el propio ministro reconoce que conocían de antemano el problema, créditos creciendo a un ritmo que los salarios difícilmente podían acompañar.
La indefensión para el ciudadano es total. Caputo fue y les dijo, “esto es una estafa, tengan cuidado, se va a poner bravo”. Pero es todo lo que hizo, ni siquiera previno a los ciudadanos como si lo hizo con los banqueros.
Y entonces uno se pregunta, ¿qué es un gobierno? ¿Una manga de inútiles que andan con una carpetita en la mano pidiéndole piedad a los infractores?
El Código Penal argentino castiga a quienes aprovechan la necesidad, la ligereza o la inexperiencia de una persona para cobrar intereses desproporcionados o exigir garantías extorsivas.
¿Por qué el Código Penal no elimina esa ley y dice lo que dice el bandido de Caputo, que es un asunto entreprivado? Chau, ¿para qué legislar? Es brutal, desalmado lo que hacen con la gente.
Caputo es cómplice de la estafa porque la vio venir y lo confiesa, no tiene decoro, no tiene vergüenza y no tiene autoridad. Y los números oficiales muestran lo que ocurrió después.
En mayo, la mora de los créditos bancarios de las familias llegó al 12,8%, contra apenas 4,5% un año antes. Aumentó 8,3% en 12 meses. Es el último dato disponible del Banco Central.
Caputo afirma que los bancos respondieron refinanciando deudas —ah... muchas gracias— y que algunas entidades ofrecieron planes de hasta tres años. ¿A qué tasa, Caputo?
Pero también sostiene que el problema debe resolverse esencialmente entre privados. ¿Y para qué fue hablar? Y descarta que el Estado salga a absorber esas deudas.
El escenario es todavía más complicado fuera de los bancos. El Banco Central registró 12.100.000 personas con créditos de proveedores no financieros y una irregularidad del 26,9%. En préstamos personales llegaba al 34%.
Y ahí queda la incómoda pregunta. Si el gobierno sabía que los créditos crecían al 8% mensual, mientras los salarios lo hacían al 2,5%, según ellos, ¿alcanzaba con pedirles flexibilidad a los bancos cuando el problema finalmente explotara?
Si sabía que la usura estaba en marcha, ¿alcanzaba con pedirles un poquito de piedad?
¿Y es suficiente que diga ahora que es un asunto entre privados? Porque la mora no apareció de un día para otro. Según el propio Caputo la vieron venir y hoy son las familias endeudadas las que están pagando las consecuencias de ese desfasaje entre tasas e ingresos.
Caputo es tan, pero tan patético que ni siquiera advierte la anomalía, la criminalidad que está confesando, la criminalidad confesada de su acción.
El Código Penal dice que es un delito y Caputo fue un cómplice confeso de la estafa. Así que por los Caputo y los que se esconden de su responsabilidad, encerrados en Olivos, sin dar la cara, no se puede poner la vida en pausa.

