
Del 2019 al 2023 nuestra nación tuvo un mal gobierno. En parte por razones ajenas a él: la pandemia, la guerra de Ucrania que encareció el gas que importábamos y finalmente la feroz sequía en su último año que mermó en casi un 40% la cosecha de granos. En otra parte por sus limitaciones y errores: el horrible acuerdo con el FMI, los conflictos internos y, finalmente, el inepto presidente que tuvimos.
Esta mala administración del Frente de Todos, sumado a 12 años de estancamiento económico, llevó finalmente a que llegara un personaje tan turbio, despreciable y reaccionario como Javier Milei al gobierno, enancado sobre el malestar, la decepción y el escepticismo de la mayoría de la población; en particular de los jóvenes.
Nuestro Partido, con una buena idea de lo que se venía, a poco andar del gobierno libertario, allá por el 2024, levantó la consigna de que había que echar a Milei. Parecía un poco exagerada teniendo en cuenta que el presidente era casi un recién llegado a la Casa Rosada. Sin embargo, la realidad nos ha venido dando sostenidamente la razón. Habiendo transcurrido ya dos años y medio desde que este tipo es presidente, pocas dudas quedan de la desgracia que ha significado para el país su llegada y pocas también de las que nos esperan con él. Por tanto, echarlo al basurero de la historia no solo es una necesidad sino una obligación.
Hay dos razones fundamentales por las cuales la Argentina debe dejar de ser gobernada por esta derecha cavernícola y cipaya. La primera de ellas está a la vista: el daño que se le ha causado al país y a su pueblo en estos 30 meses. Como sabemos porque lo vivimos con la Dictadura, Menem y Macri, estos modelos que los ricos vernáculos y sus socios externos han intentado reiteradamente imponernos en función de sus intereses, se orientan en lo fundamental a trasladar ingresos de las mayorías populares hacia sus bolsillos. Como también y en función de ello restringir la democracia, los derechos, sacar conquistas y utilizar la represión para acallar las inevitables protestas. Acompañado todo de la venta de nuestra soberanía al imperio de turno, ayer los ingleses hoy los yanquis, para que sea su sostén y deje caer en la billetera de sus cómplices locales parte de lo que se llevan.
Milei, como es fácil de observar, no solo es un continuador de los anteriores intentos de reformular el modelo de país en función de los intereses, las ideas y los planes de las clases pudientes, sino que apunta a darle una vuelta de tuerca al mismo, en función del predominio a nivel mundial de este neofascismo encabezado por el presidente de los EEUU y los dueños de las enormes empresas tecnológicas y financieras de aquella nación. De allí la violencia con que ha avanzado en capturar una parte significativa de los ingresos de la mayoría de nuestros compatriotas para pagar la espuria deuda externa que contrajo Macri y, además, para incrementar las ganancias de multinacionales, bancos y grandes grupos económicos locales. De la rapidez en atrasar el dólar y abrir la economía con el objetivo de deteriorar el entramado industrial nacional, mientras se instala una producción de enclave para la entrega de nuestros recursos naturales. La avanzada desreguladora a los efectos de concentrar la economía haciendo desaparecer pequeñas y medianas empresas. La subordinación a raja tabla a los dictados del FMI. Y, por último, el descarado alineamiento con el gobierno de Trump en sus políticas internacionales, de los acuerdos que vinculan nuestras FFAA a las de los EEUU y en abrirle el control de nuestra seguridad interna a la inteligencia norteamericana.
La segunda razón para echar a Milei y su proyecto tiene que ver con el futuro de nuestra nación. La Argentina tuvo en su joven historia cuatro oportunidades para poder adentrarse en un sendero de prosperidad con inclusión social sostenido en el tiempo. La primera fue a mediados del siglo diecinueve cuando la necesidad de alimentos en la Europa industrial que avanzaba valorizó a nuestra pampa para proveerla de granos y de carne. Esa posibilidad fue capturada por la oligarquía y su modelo agroexportador sin industria, causa principal de nuestras desgracias posteriores. La segunda se presentó luego de la primera guerra mundial y una nueva demanda de alimentos por parte de una Europa arrasada, con Hipólito Yrigoyen en el gobierno; en 1930 la oligarquía de un tajo militar le puso fin a ese intento nacional. La tercera vino también luego de una conflagración, la segunda guerra mundial, con Europa otra vez demandante de nuestros granos y carnes; en esta ocasión fue el gobierno del General Perón el que capturó esa renta agraria extraordinaria e industrializó el país con ella. También las clases pudientes le pusieron fin en 1955 con un golpe de estado, dejando todo a mitad de camino. Por último, la cuarta la tuvimos ya en este siglo con la soja, Néstor Kirchner en el gobierno y la derecha liberal golpeada por el fracaso del menemismo y el derrumbe de De la Rúa. La crisis económica internacional del 2008, el trabajo de zapa del poder local y extranjero, y los errores propios, impidieron ir definitivamente hacia una Argentina de progreso y la hicieron involucionar una vez mas.
Ahora, con un agro tecnificado y productivo en un mundo que va a requerir mas alimentos, con la maduración de Vaca Muerta y su enorme potencial de gas y petróleo, con la minería del litio, el cobre, el oro y la plata en las gateras para pegar un salto, e incluso con una cada vez mas desarrollada industria de conocimiento para la exportación, nuestro país está a las puertas de una quinta posibilidad de alcanzar el desarrollo económico y mantenerlo en el tiempo.
¿Vamos a dejar que, Milei mediante, nos roben los ricos, las multinacionales, los grandes bancos, el FMI y los yanquis el futuro? Estuvimos cuatro veces a las puertas de tener un país que nos contuviera a todos y no solo a las poderosas minorías. Una nación próspera, con buen desarrollo económico acompañado de igualdad, justicia y movilidad social, que se nos escurrió entre las manos. Por eso hemos acumulado frustraciones, tristezas, broncas y mucha malaria a través de los años y las generaciones. No debemos esta vez dejar pasar la oportunidad de forjar otro destino.
Para lograrlo hay un primer paso indispensable: hay que echar a Milei en las elecciones del 2027. Que se vaya a vivir a los EEUU con sus patrones. Hay que rajarlo por todo lo que está haciendo y porque nosotros, nuestros hijos y nietos no nos merecemos que nuevamente estos reaccionarios, fachos y vendepatria hundan la esperanza y el derecho que tenemos a otra Argentina.
Hay que tenerse confianza, como otras veces los vamos a echar por la puerta de atrás.
Humberto Tumini
Presidente de Libres del Sur


