Golpe a la industria y la lechería
OtrasVoces
Las cadenas productivas de la provincia de Buenos Aires, con el cordón industrial del conurbano como emblema de la generación de empleo, sufren un retroceso generalizado que se agravó con la apertura importadora y el desplome del mercado interno. En la última década, el comercio y las actividades financieras comenzaron a ocupar cada vez más espacio en zonas fabriles, reconfigurando las formas de organización social previas.
Un informe del Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Universidad Nacional de La Plata indica que la economía bonaerense experimentó un estancamiento estructural durante el período 2016-2025, con piso en 2020 y rebotes posteriores. El balance general expone un retroceso extendido en las manufacturas y ramas agroalimentarias clave, centralmente la lechería.
Cadena láctea cortada
Dentro del bloque de actividades con números negativos en relación a los 10 años analizados, la cadena láctea destaca por registrar la contracción porcentual más profunda de toda la medición. Según los investigadores, esta dinámica no responde a un factor coyuntural o climático de un año específico, sino que refleja una crisis de carácter estructural en el entramado lechero. La pérdida de peso de este sector afectó la generación de valor en los distritos del interior provincial.
El impacto territorial de esta caída se observa de forma nítida en el municipio de General Rodríguez. El distrito registró la mayor baja relativa en su valor agregado durante la última década, con una variación anual promedio de menos del 3 por ciento. La situación crítica empeoró por la reducción obligada del consumo en productos básicos desde que asumió Javier Milei: en abril, el volúmen de lácteos comercializados cayó 4,7 por ciento intermensual, según reveló el Observatorio de la Cadena Láctea. “La demanda sigue siendo débil y selectiva: algunos productos evidencian repuntes, mientras que otros —particularmente los de mayor valor relativo— aún muestran rezagos incluso pese a que los precios de canasta láctea vienen por detrás de la inflación y de los salarios”, afirmó la entidad en su último reporte.
Frente al desarme industrial, crece la especulación
En paralelo, el sector manufacturero tradicional muestra signos de erosión sostenida. La cadena de bienes de capital, de acuerdo a la publicación de la Universidad Nacional de La Plata, se ubicó como el tercer factor de mayor incidencia negativa en la provincia, restando 0,47 puntos porcentuales al valor agregado bruto total. A este declive se sumaron caídas en los rubros de plásticos (menos 0,27 puntos), textil e indumentaria de algodón (menos 0,26 puntos), automotriz y autopartes (menos 0,19 puntos) y siderurgia.
La tendencia afectó de manera directa al primer cordón del conurbano bonaerense, un área históricamente vinculada a la producción fabril. Municipios de gran tamaño y densidad poblacional como La Matanza, San Martín, Lanús, Avellaneda y Quilmes integran el grupo de distritos rezagados, el cual abarca 38 comunas y genera el 52,2 por ciento del valor agregado en la economía de la provincia de Buenos Aires.
La persistente desindustrialización en estas zonas obligó a que el nivel de actividad pase a depender de la inercia de los servicios urbanos, principalmente el comercio y las actividades financieras.
El estudio concluye que el rumbo de la economía bonaerense se dirime entre la expansión de la logística y el comercio en el segundo cordón del conurbano, y el retroceso de la manufactura tradicional en el primer cordón industrial, mientras que el interior exhibe dinámicas extremas condicionadas por el avance de contratistas agrícolas o el hundimiento de la lechería.
Frente al retroceso de la manufactura y la lechería, el crecimiento de la provincia que concentra aproximadamente al 38 por ciento de la población nacional y es considerada el motor económico del país estuvo liderado por el sector de transporte y logística -entre el 2016 y 2025-, que aportó una incidencia positiva de 0,50 puntos porcentuales al valor agregado bruto. A este rubro se sumaron los servicios de salud (0,32 puntos), el software y los servicios informáticos (0,31 puntos) y el turismo (0,24 puntos). Esta dinámica consolidó una transición estructural donde los servicios urbanos de alto valor agregado ganaron el terreno perdido por las fábricas.
La soja, también mal
En el ámbito agropecuario, el estancamiento de la cadena de la soja contrastó con el fuerte avance de otros cultivos y actividades ganaderas específicas. Las cadenas triguera y del girasol traccionaron de manera positiva con incidencias de 0,47 y 0,38 puntos porcentuales respectivamente, seguidas por la cadena maicera y la producción bovina. Durante la campaña 2025/2026, la superficie sembrada de soja se redujo 8,7 por ciento a nivel nacional y ocupó 16,8 millones de hectáreas. En la provincia de Buenos Aires, la retracción fue del 14 por ciento en algunas regiones de la zona núcleo.
La cadena del maní, en tanto, se posicionó como la actividad de mayor crecimiento porcentual en el territorio bonaerense, impactando con fuerza en los municipios del noroeste.
Tendencias de la última década
El comportamiento sectorial, con bajas en la industria y cambios en el cultivo de agroalimentos, configuró un grupo de municipios que la investigación del centro de estudios universitarios denominó como “Líderes”, compuesto por 39 distritos que combinan un perfil exportador agropecuario dinámico y actividad turística. En el noroeste, comunas como Carlos Tejedor, Rivadavia y General Pinto capitalizaron el auge manicero, mientras que el sector costero (Monte Hermoso, Pinamar, La Costa y Villa Gesell) se vio impulsado por el turismo y el comercio. En estas zonas del interior y de la costa, la ausencia de industrias tradicionales en declive evitó en la estadística el lastre económico observado en el conurbano. Vale recordar, que en términos de empleo, los rubros que se destacan son los que menos mano de obra generan.
Finalmente, la periferia del Gran Buenos Aires mostró una marcada división geográfica. Mientras el primer cordón fabril retrocedió, municipios del segundo cordón, como Malvinas Argentinas, Ezeiza, Esteban Echeverría y Moreno, se consolidaron en el bloque de mayor aporte a la variación provincial. Este crecimiento periférico no estuvo motivado por la industria, sino por la instalación de grandes centros logísticos y el desarrollo del comercio formal, los cuales redefinieron el mapa económico de la región.

