La industria textil no avanza

Para el primer cuatrimestre, la utilización de la capacidad instalada alcanzó el nivel más bajo desde que existen registros.
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La utilización de la capacidad instalada alcanzó el nivel más bajo para un primer cuatrimestre desde que existen registros, excluyendo la pandemia. La caída del consumo, el avance de las importaciones de prendas terminadas y el deterioro de la producción profundizan la crisis de una de las cadenas industriales que más empleo genera en el país. Lejos de revertir ese escenario, la política económica del Gobierno contribuye a profundizarlo, con más ajuste sobre los ingresos, desregulación del comercio y falta de crédito productivo.

La crisis que atraviesa la industria textil continúa agravándose. Durante el primer cuatrimestre de 2026, el sector registró el menor nivel de utilización de la capacidad instalada para ese período desde que existen registros, con la única excepción de la pandemia, según explican en el último Boletín Estadístico de la Fundación Pro Tejer. En promedio, las fábricas trabajaron al 36,6 por ciento de su potencial, lo que implica que más de seis de cada diez máquinas permanecieron detenidas.

La falta de actividad también comenzó a reflejarse en otro indicador clave: la inversión. Después del ciclo expansivo registrado entre 2020 y 2023, cuando las empresas destinaron cerca de 782 millones de dólares a la incorporación de maquinaria, este año el panorama es completamente distinto. De mantenerse la tendencia observada hasta mayo, la inversión apenas alcanzará los 70 millones de dólares, pronostican: una de las cifras más bajas de la historia reciente.

Las consecuencias sociales del proceso son evidentes. Desde diciembre de 2023 la cadena textil, de confecciones, cuero y calzado perdió 874 empresas productivas registradas y destruyó más de 24.100 puestos de trabajo formales. Detrás de estas cifras hay miles de familias que dependen de una actividad con fuerte presencia en el conurbano bonaerense y en distintas economías regionales del norte argentino, que es especialmente relevante para las mujeres.

Desde Pro Tejer advierten un cambio en la composición de las importaciones que profundiza el deterioro de la producción local. Mientras disminuyen las compras externas de hilados y fibras —utilizados como insumos en los primeros eslabones de la cadena industrial—, aumentan las importaciones de prendas terminadas. Así, una mayor proporción del valor se genera en el exterior, reduciendo la demanda por producción nacional y debilitando la industria.

El derrotero de la pérdida de competitividad no responde únicamente a la apertura comercial. También influye la apreciación cambiaria, que abarata las importaciones, y la fuerte contracción del mercado interno, que limita las posibilidades de las empresas para sostener los niveles de producción.

Los indicadores de actividad reflejan la magnitud de la crisis. En abril de este año la producción textil cayó 23 por ciento respecto del mismo mes de 2025 y se ubicó 31 por ciento por debajo de abril de 2024. En el acumulado del primer cuatrimestre, la contracción alcanzó el 25,5 por ciento frente al año pasado y supera el 32 por ciento en comparación con 2023. La industria textil, de este modo, acumula tres años consecutivos de retroceso. Atraviesa uno de los períodos más críticos de las últimas décadas.