Víctor Hugo se emocionó al despedir al Indio: “Si no hay más remedio que morir…”
OtrasVoces
Si no hay más remedio que morir, morir así como el Indio no está mal, porque todo le valió la pena, porque el amor que vemos ahora lo acompañó en cada vereda por la que caminó, en el saludo de los muchachos que pasaban en el camión, en la piba que bajó la ventanilla del auto para saludarlo, en cada célula de pueblo que lo pudo tocar.
La muerte ha sido grande porque nos habla de su vida, la catarsis inmensa de los que lo aman para siempre llega a los celulares como una catarata: poemas, prosa. Se sentaron unos en la cocina, escribieron otros en la servilleta del bar, en la pared, en el aire, cuando miraban el cielo pidiendo la explicación que el cielo no da.
Entonces cada uno elige la propia. Es sacarse algo de adentro, es un empujón que sube desde el alma y el alma es todo el cuerpo, porque al Indio lo cantaron, lo bailaron, lo leyeron, se lo pusieron de remera, de pulsera, de collar, de jean roto.
Le dio a su vida una forma de silencio que fue juntando por las calles de los contenedores, de los sótanos musicales, del hombre que duerme en el umbral, del que huye de la policía, del que salta en la tribuna con vení, milico, vení, un misterio que anduvo con él hasta el final.
Muere sin que nosotros entendamos la noticia, porque no la esperábamos, igual que con Diego. Se sabía que estaba mal, pero no estábamos desconfiando de su muerte.
Recuerdo Gualeguaychú en 2014, el viaje a verlo, miraba desde la tribuna después sin entender cómo se sobrevive a tanta pasión, cómo el tipo no levantaba vuelo y se iba como pensamos de los ángeles, al menos levitar sobre el pogo colosal de aquella noche.
Algo menos humano debió suceder: el artista, el pueblo, sí; pero sentía que por algún lado tenía que explotar. Es cuando la felicidad no puede más, y eso era lo que se elevaba: la felicidad tal como es.
Estoy en México hace unas horas. Por Telesur he venido, pero también por AR12. Relatar no puedo porque los que nos roban con la libertad de expresión, cuando la tienen para manejarla ellos, la cobran lo suficiente como para que alguien como yo no la tenga. Por supuesto estaré cada día en el programa y también con la columna de AR12, pero salir del medio unos días quizás haga bien, ¿no?
Lo que pasa con la economía, el descalabro que están haciendo sin que la mayoría pueda reaccionar, es el pogo repulsivo de los bailarines de los bonos, de los juntadores de plata para el Fondo Monetario Internacional. El infierno y la fuga de capitales están encantadores, nuestro amo juega al esclavo y sus portavoces nos atrapan en la violencia de una mentira sin fin.
No se encienden bengalas para que el mar sea de fuego, sólo hay pantallas prendidas con economistas que ponderan milagros que no ocurrirán. Sólo quedan senadores vencidos que votan a sus jueces verdugos desde la oposición, senadores que eligieron en qué lado de la mecha están, diría el Indio. 18 son. Hemos padecido tipos peores que estos, pero qué ganas de irte un rato afuera.
Bullrich se abstuvo y sólo por eso ya fue un poco mejor. Entonces el mundo no está en orden, transita en delirios de vulgaridad en la traición, pero tenés que seguir. No pongamos la vida en pausa, el que abandona no tiene premio.

