
El intercambio comercial dejó en febrero, según el informe del Indec, un superávit de 788 millones de dólares, el nivel más bajo en nueve meses, en un contexto donde coincidieron dos movimientos: caída de las exportaciones y repunte de las importaciones en la comparación mensual.
Las ventas externas alcanzaron a 5962 millones de dólares, con una baja interanual de 2,9 por ciento. En la comparación mensual, la contracción fue más marcada: 16,2 por ciento respecto de enero, lo que llevó a las exportaciones a su nivel más bajo desde mayo del año pasado, teniendo en consideración la serie desestacionalizada. El deterioro se concentró en combustibles y en manufacturas de origen agropecuario, particularmente en grasas, aceites y subproductos vinculados al complejo sojero.
Parte de la explicación está asociada a factores puntuales. Febrero tuvo menos días hábiles que el mismo mes de 2025, lo que impacta en la comparación interanual. A eso se sumaron interrupciones productivas, como el paro del sector aceitero, y un contexto de menor dinamismo en algunos sectores exportadores.
Sin embargo, distintos analistas coinciden en que el dato también refleja una caída en las cantidades exportadas, lo que introduce un elemento más estructural: menor volumen de ventas al exterior, ya sea por problemas de competitividad, demanda o capacidad productiva.
En paralelo, las importaciones totalizaron 5174 millones de dólares. Esto implicó una baja de 11,8 por ciento frente a febrero del año pasado, pero un aumento de 8,2 por ciento respecto de enero. Este rebote mensual corta una racha de cuatro meses consecutivos de caída.
El incremento mensual se da en un contexto donde las compras externas venían comprimidas, en parte por la desaceleración de la actividad, la caída del consumo y de la producción interna.
En la comparación interanual, la caída sigue explicada principalmente por menores adquisiciones de bienes de capital y sus componentes, con bajas en productos como generadores eólicos, combustibles y vehículos. Sin embargo, el repunte frente a enero sugiere que el nivel de importaciones podría estar encontrando un piso, impulsado por la política de fuerte apertura y desgaste de la producción local.
El resultado final es un superávit más acotado, no tanto por un salto de las importaciones en términos anuales, sino por la combinación de exportaciones más débiles y una incipiente recuperación de las compras externas. El saldo del intercambio comercial sigue siendo positivo pero pierde fuerza.
Algunas lecturas ponen el foco en la calidad de ese superávit. Desde distintos centros de estudios advierten que un resultado externo favorable puede coexistir con una economía que crece poco, si está sostenido más por la caída de importaciones que por un aumento genuino de exportaciones. En febrero, el dato empieza a mostrar una transición: las importaciones dejan de caer mes a mes, mientras que las exportaciones todavía no logran recuperar dinamismo.
Hacia adelante, se espera que factores transitorios que afectaron a febrero, como la menor cantidad de días hábiles, puedan revertirse en marzo. Por otra parte, la evolución de los precios internacionales —en particular de la energía— y el nivel de actividad interna serán determinantes para consolidar o no el repunte de las importaciones.


