Argentina en el túnel del tiempo: la industria retrocedió 80 años y ya produce como en 1945
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Primero se reduce un turno. Después se apaga una línea de producción. Finalmente llegan los retiros voluntarios o los despidos. Ese goteo, casi imperceptible en el día a día, ya dejó una marca profunda en la economía. La industria atraviesa su peor crisis en dos décadas y su peso en el Producto Bruto Interno cayó a niveles que no se veían desde antes del gran ciclo de industrialización de la posguerra.
Un informe reciente del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL), dependiente de la UBA y el CONICET, advierte que la industria nacional vive un proceso de retroceso estructural. La combinación de caída de la actividad, apertura comercial en sectores sensibles y menor inversión pública en desarrollo industrial está modificando la estructura económica del país.
La caída industrial más fuerte en veinte años
Los datos del informe muestran un deterioro sostenido. En 2024 la producción industrial cayó un 8,8 por ciento, una contracción mayor incluso que la registrada durante la pandemia.

A comienzos de 2025 se observó un leve repunte que generó expectativas de recuperación. Sin embargo, ese impulso duró poco. Durante el tercer trimestre del año, la actividad volvió a retroceder un 2,4 por ciento, confirmando que la industria sigue atravesando un ciclo de debilitamiento.
Para los investigadores, el problema no es sólo la caída coyuntural de la actividad, sino el cambio estructural que se está produciendo en la política económica.
El peso de la industria vuelve a niveles de mediados del siglo XX
Uno de los indicadores más preocupantes es el coeficiente de industrialización, que mide la participación de la industria en el Producto Bruto Interno.
Según el estudio, ese indicador pasó del 16,5 por ciento al 13 por ciento en los últimos años. Se trata de un nivel que remite a la Argentina previa al gran proceso de industrialización que se consolidó después de la Segunda Guerra Mundial.
Este retroceso implica un cambio en la composición productiva del país. Mientras sectores vinculados a la agroindustria y la energía mantienen niveles de crecimiento, varias ramas industriales pierden participación.
Dentro del propio sector manufacturero también hay cambios sustanciales. La industria pesada -vinculada a maquinaria, metalurgia y bienes de capital- redujo su participación del 56 al 51 por ciento del total industrial.
La polémica por la importación de maquinaria usada
Uno de los cambios regulatorios que generó mayor impacto en el sector fue la eliminación del Certificado de Importación de Bienes Usados (CIBU), formalizada a través del Decreto 273/2025.
La medida flexibilizó el ingreso de maquinaria usada desde el exterior, algo que empresarios del sector metalmecánico consideran una competencia difícil de enfrentar para los fabricantes locales.
Desde la entrada en vigencia del decreto, las importaciones de equipos industriales usados se multiplicaron. Para las empresas nacionales que producen maquinaria agrícola o bienes de capital, la competencia con equipos importados más baratos se volvió cada vez más compleja.
Según el informe del CEHEAL, el sector de bienes de capital ya registra una caída del 23,8 por ciento en su producción.
El impacto social: 77 empleos industriales menos por día
La contracción industrial también se refleja en el mercado laboral. Entre fines de 2023 y agosto de 2025 el sector manufacturero perdió en promedio 77 empleos registrados por día.
Si se suman los puestos informales vinculados a la actividad industrial, el número de trabajadores que quedaron fuera del circuito fabril en ese período ronda los 100 mil.
“El problema es que muchas empresas intentan sostener a su personal calificado porque formarlo lleva años, pero cuando la actividad sigue cayendo esa decisión se vuelve cada vez más difícil”, explicó Luis Manini, presidente de la Cámara de Industriales de Proyectos e Ingeniería de Bienes de Capital (CIPIBIC).
La pérdida de empleo se combina además con un deterioro salarial. El salario real de los trabajadores industriales cayó un 1,3 por ciento adicional durante 2024 y hoy tiene un poder de compra similar al de 2007.
En paralelo, algunas empresas históricas comenzaron a reducir su presencia productiva en el país. Un caso emblemático fue el de SKF, que tras más de nueve décadas de producción local decidió cerrar su planta industrial y mantener únicamente operaciones comerciales.
“Se habla de proteger al consumidor con precios más bajos, pero ese consumidor también es el trabajador que pierde su empleo cuando la fábrica cierra”, resumió Manini.

