“El lugar me lo gané a pulso, esfuerzo y resultados”

La victoria en dobles del Australian Open es su nuevo hito profesional. El ganador de Roland Garros, US Open y Wimbledon completó el Grand Slam en pareja.
Deportes17 de febrero de 2026OtrasVocesOtrasVoces
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Con la satisfacción de haber ganado por primera vez en dobles el Australian Open en tenis adaptado, Gustavo Fernández, de 32 años, completó la carrera de los cuatro Grand Slam en pareja y logró llegar a semifinales en singles. Este triunfo se suma a todos los que viene cosechando desde el 2016 en ambas modalidades.

Con esta nueva copa, se convirtió en el único tenista argentino y latinoamericano en silla de ruedas en completar la carrera de Grand Slam. El torneo disputado a finales de enero en la ciudad australiana de Melbourne fue el décimo que ganó –cinco en singles y cinco en dobles–, pero en dupla era el único que le restaba conquistar.

Durante la jornada del 30 de enero, Fernández cayó en la semifinal individual ante Tokito Oda, quien se impuso por 6-1. 7-6 (2), el mismo que horas más tarde se convirtió en su mejor socio para ganarles a la dupla de Daniel Caverzaschi y Rubén Spaargsren 6-2 y 6-1.

Con estos resultados, el actual número cuatro del mundo, y exlíder del ranking masculino de tenis en silla de ruedas (MWR), según la Federación Internacional del Tenis (ITF), regresó a Buenos Aires con la “mentalidad renovada”.

En lo personal, la llegada de su primer hijo, junto a su esposa Florencia Tagliaferro, lo mantiene expectante y más reflexivo; por eso creó un canal de YouTube al que le dedica tiempo y ganas cuando su vida profesional como tenista se lo permite.

—¿Pudiste celebrar este nuevo logro para tu carrera?

-No estoy metido en la vorágine del resultado. Creo que esta vez la bajada a tierra fue más plena porque obtuve el Grand Slam de carrera en dobles. Esto lo hace icónico más que haber ganado el décimo torneo. Cuando me retire y mire para atrás, voy a dimensionar lo que pasó. Por supuesto que es hermoso ganar, pero a mí me importa más que la llama de la pasión y del disfrute siga prendida.

-¿Cómo fue cambiar el chip de tenerlo a Tokito Oda como rival en singles y luego como compañero en dobles?

-Nosotros somos profesionales. Ya sabés cómo hacerlo y es fácil cambiar el chip. Mi prioridad es el single; estaba ilusionado porque venía jugando bien. Cuando nos tocó la final en dobles, a la mañana había sido la derrota individual, entonces estaba un poco embolado y golpeado. Hubo que hacer reajustes para mejorar. Después de haberlo tenido de rival, con todo el talento que tiene el pibe, más vale tenerlo de tu lado (se ríe). Es un placer, es un as de espada, el número 1 del mundo.

-¿Quién marca la estrategia en dobles?

-Oda tiene un talento especial, pero lidero yo. Tengo un nombre construido basado en la experiencia y en mi personalidad. Él es Tokito Oda, pero yo soy Gustavo Fernández. El lugar me lo gané a pulso, esfuerzo y resultados. Cuando firmó conmigo, sabía que estaba firmado. Estoy acostumbrado a liderar en las parejas en dobles y me siento cómodo en este rol, teniendo la visión del juego, entendiendo los momentos del partido. A lo largo de mi carrera aprendí por dónde va la cuestión, hacia dónde ir y por cuál lado apretar. Él confía en mí para el liderazgo y yo lo ejerzo.

-¿Cómo fusionan los talentos?

-Tokito tiene el poder bruto, una virtud distinta, pero también hay que saber cómo gestionarlo. Es ahí donde entra mi rol. Los dos tomamos la iniciativa y salimos a buscar; entonces se hace fácil llevarlo porque así jugué toda mi vida. Ahora somos dos con este estilo. Hacemos una gran pareja.

-Con el nivel de profesionalismo que ejercen, ¿el tenis adaptado se puede comparar con las exigencias del convencional?

-Cuando te metés a competir en estos escenarios, el tenis es tenis. Las exigencias se adaptan a la disciplina, ya sea en silla de ruedas o parado. Para ser bueno, tenés que cubrir ciertos casilleros que son los mismos para todos. En este sentido no hay diferencia en la calidad del tenista. Ellos tienen el reconocimiento, la fama y la fortuna que merecen y está perfecto que así sea. Nosotros solo pedimos que nos valoren deportivamente porque es un lugar que se lo ganó la comunidad de tenis en silla de ruedas.

¿ Argentina es semillero de nuevos talentos?

–Sí, la Asociación Argentina de Tenis Adaptado (AATA) se ocupa de esto. Es muy complejo porque todo está centralizado en Buenos Aires a pesar de que haya escuelas de formación en el interior del país. Ojalá siga evolucionando. No quiero que esta disciplina termine en Gustavo Fernández; sería muy triste porque parte de lo que hicimos en estos años fue para que siguiera creciendo.

-¿Cuál es la proyección?

-Es difícil conseguir talentos. En Argentina, aquel que tiene una discapacidad leve y no necesita un sostén para jugar al tenis, no está dispuesto a usar la silla; la gente la ve y le da terror sentarse. Hay un montón de chicos que, si se hubieran animado, seguro les iba mejor en el tenis adaptado que en el convencional, pero nunca pudieron romper el prejuicio e intentarlo. Nadie te asegura que si te sentás para jugarlo, llegás a profesional, pero es necesario romper ese preconcepto.

-¿Cómo viene este 2026?

-Estoy regenerando objetivos, con una búsqueda muy clara de lo que quiero encontrar de mí en la cancha, aprovechar al máximo mi potencial porque, si bien los resultados hoy no me obsesionan, sí quiero hacerlo en mis términos: sentirme bien en la cancha y rendir. Siento que este año comienza a cerrarse el círculo, que las cosas irán para donde uno quiere, y estoy disponible para ir detrás de ellas.

-¿Cómo viene en lo personal?

-Es un año especial porque voy a ser papá. En junio llega René y, obviamente, esta es mi prioridad. ¡Espero que no nazca en un Roland Garros o Wimbledon! (se ríe). Es lo más movilizante que me pasó; siempre soñé con tener una familia.

¿Por qué René como nombre para tu hijo?

-La inspiración viene de René Favaloro. Si bien fue una figura influyente en la historia del país, la lealtad a sus valores es muy fuerte y nos representa. El nombre nos encantó y lo combinamos con la historia. Tengo una gran admiración por él.

-¿Cómo se te ocurrió “El pensadero”, tu canal de YouTube?

-Me gusta streamear, relajado, sin interés de generar ganancias, pero el canal es un espacio para reflexionar y dejar un pedacito de mi alma antes de lo que me va a revolucionar la vida. Además, me parece bueno aportarle algo al público. No soy ningún gurú, pero disfruto al compartir mi experiencia.

¿Tenés un museo de camisetas, verdad? Y del Australian Open te trajiste una muy especial…

-Si. Todo empezó con camisetas de básquet de mi papá y de mi hermano y después se sumaron las de mis rivales, de tenistas argentinos, de jugadores de Boca y otros futbolistas. Acabo de colgar una muy icónica. Después de haber compartido 15 años el vestuario y tener un vínculo, Novak Djokovic me firmó la suya. Es uno de los hitos más importantes del museo.

-¿Y de Carlos Alcaraz, tenés?

-¡Le estoy dando tiempo! (se ríe) Es una persona increíble, simple y natural. Creo que ya me abrió la puerta para que le pida una remera. Seguro más adelante, sume la suya.

De regreso al país, Fernández estuvo invitado al Argentina Open. Aprovechó para entrenar, interactuar con el público y hacer un partido exhibición junto a otros jugadores, entre ellos Federico Coria.